Artículos de Arte

La figura de José Martí en la plástica y la crítica de los años 80 y 90 en Cuba por Jorge Camacho, Universidad de Carolina del Sur, Columbia, SC. (cont.)

ideología en el discurso literario de los sesenta (p.407). El héroe del 59 cumple la promesa de Martí, termina su gesta emancipatoria, llevando la historia de la nación a un punto de total realización y libertad. El poema, escrito en forma de son montuno, intenta ser un reflejo de la voz popular. “El pueblo canta, contó, /cantando está el pueblo así: / -Vino Fidel y cumplió / lo que prometió Martí. Se acabó” (p.408). La crítica de los artistas e intelectuales jóvenes de finales de los 80 fue también un intento de socavar esta ideología y revelar a su vez la historia como construcción ficticia, como un simulacro impuesto desde el poder.

En “Las tesis de Mayo” de 1989 promovidas por el grupo de intelectuales que formó Paideia aparece la crítica a esta relato fundacional. Ambos, el título de las tesis y sus conclusiones hacían hincapié en la muerte del héroe de Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895 como una forma de reclamar el mismo legado simbólico, utilizando su figura con fines opuestos a la ideología del estado; de ahí que la inclusión del intelectual orgánico, modelado sobre los presupuestos granscianos de la política, aparezca reflejada en la muerte del héroe quien “llevaba en el mismo bolsillo” en el momento de morir un puñado de balas y las Vidas paralelas de Plutarco. Entre las propuestas de Paideia estaba reclamar para el intelectual su derecho al cuestionamiento político. En los ensayos publicados por tres de los integrantes en el Caimán Barbudo en enero de 1990 se percibe un intento de buscar nuevas formas de leer la figura del héroe de Dos Ríos a contrapelo de la política oficial. Es un Martí cuyo acercamiento se da a través de otro escritor rechazado por diversos motivos bajo el régimen, Lezama Lima, y cuyas lecturas se organizan alrededor de códigos simbólicos que o bien despolitizan al héroe o cuestionan la imagen heredada desde el punto de vista político. En especial el ensayo de Rolando Prats muestra un Martí que es imposible descifrar, un cuerpo fragmentado cuyos diversos modos de ser: “escritor, político, hagiógrafo y hagiografiado” se enemistan, haciendo imposible una lectura hermenéutica definitiva. Esta angustia de la lectura, casi desencanto, se repite en Antonio José Ponte quien al igual que Rafael Rojas intenta desmitologizarlo. En especial el libro de Rojas ahonda en el aspecto de la política (de representación) del héroe y sobresale por sus lecturas provocadoras e incisivas de la obra martiana.

El mismo cuestionamiento desacralizador e irreverente aparece en las lecturas de orden sicoanalítico y de género hechas por cubanos en la academia norteamericana. Las lecturas de tipo sicoanalítico habían suscitado las críticas de José Antonio Portuondo a Martí, El apóstol de Jorge Mañach, por parecerle inapropiadas y peligrosas aun más dentro del contexto revolucionario. Sin embargo, en los 90, ambas junto con el análisis de la recepción de su figura, abrieron posibilidades poco exploradas o desconocidas. De forma general se intentan demostrar las limitaciones conceptuales del héroe al tiempo que revelarnos un Martí más humano. Se discute por ejemplo el carácter subalterno de la mujer en su obra, la cuestión del “hermafroditismo,” la “impotencia,” el “complejo de castración” o su “retórica sentimental(oide) entre otros tópicos. De nuevo, en Cuba nada de esto es posible discutirlo por el peso ideológico que tiene el héroe.

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