Artículos de Arte

La figura de José Martí en la plástica y la crítica de los años 80 y 90 en Cuba por Jorge Camacho, Universidad de Carolina del Sur, Columbia, SC. (cont.)

En la poesía de finales de los 80 y principios de los noventa su presencia se hace notar con más fuerza en dos poetas de esta generación: Reynaldo López Las vitrinas del Mundo y Víctor Fowler Calzada quienes a través de citas intertextuales o simplemente presentes en el texto dan un nuevo sentido a su obra.
No obstante, sigue siendo en la plástica cubana de finales y principios del 90 donde la representación de Martí adquiere la mayor importancia y casi siempre con un matiz político que interroga su figura. En esta fecha José Ángel Toirac pinta Dominical un óleo sobre tela de 100 x 70 cm donde aparecen Fidel Castro y Martí conversando. El recurso es el mismo que había utilizado Aguilera aunque esta vez la representación parece menos problemática pero igual de sugerente.
En realidad, más que una conversación el espectador parecer asistir a una charla que le da el jefe máximo de la revolución al “autor intelectual del Moncada”. Esto es porque cada vez que aparece el líder en los medios masivos de comunicación aparece hablando. Martí lo escucha y lo mira, mientras hay detrás de él una sólida columna de mármol que sugiere su función de “apoyatura” en el discurso oficial. En 1996 Arturo Montoto produce en pastel “la pelota observada por el héroe” donde de forma similar se hacen coincidir el busto de Martí y una pelota que cuelga del techo como un péndulo. El tema del deporte (la pelota o el boxeo) como centro de la vida cultural e intelectual del país se repite con obsesión crítica en la generación del 80. De modo que no sería una sorpresa que en Cuba hasta el héroe en su base de cemento estuviera observando los vaivenes del deporte nacional. Con esto lo popular y lo común sirven para representarlo de otra forma. Este tópico reaparece en la pintura de Alexis Esquivel, donde está Martí esperando la guagua en una esquina de la Habana. La cita de 1998 casi es una imagen caricaturizada del héroe, que de vivir en la sociedad actual esperaría un ómnibus que nunca viene. Con esto se hace énfasis en un Martí de “a pie” que no es precisamente la imagen del dirigente político de la revolución.

Debido a las presiones por parte de la policía política, la generación del 80 se exilió casi en su totalidad. Con la salida de estos escritores y artistas del país y el continuo desgaste de la generación que ocupaba la mayoría de los puestos directivos, se creó un vacío que fue necesario llenar con la generación que le continuaba Esto llevó a un reacomodo de la sociedad a todos los niveles a mediados de los 90. Aparecieron nuevos pintores, escritores e intelectuales que ocuparon los espacios que había dejado la generación anterior en los centros educacionales, las revistas, y las recién creadas corporaciones extrajeras. En la mayoría de los casos, los artistas e intelectuales que permanecieron en el país fueron absorbidos por la maquinaria estatal, renunciando al discurso crítico más abierto que había caracterizado la generación de los 80; y a partir de esta época la plástica y el poder siguen una senda negociada, donde la trasgresión tiene fijado sus límites y la herejía su precio.
Este es el caso de Sandra Ceballo, de la generación posterior a los 80, y que exhibe sus obras en la exposición del Instituto Superior del Arte en 1993. Dos años después, en el centenario de la muerte de Martí, Ceballo pinta Absolut, José un cuadro donde se mezclan la ambigüedad, la crítica y la celebración. Su retrato del héroe a primera vista parece una especie

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"Absolut, José", 1995 por Sandra Ceballos
“Absolut, José”, 1995
Por Sandra Ceballos

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