Bailarina en dos poemas- Apuntes, (cont.)
Diversas formas del arte popular danzario de España, entre las que
predomina el baile gitano andaluz, se fusionan en lo que hoy conocemos por
baile español. Estrechamente unido a la guitarra, la cual le presta
el compás y el ritmo que le son imprescindibles, el baile andaluz tiene
una vigencia de más de dos siglos, y durante ese largo tiempo ha evolucionado
de manera constante. Su edad de oro se registra entre 1869 y 1929, y precisamente
dentro de este período están fechados el poema X de los Versos
sencillos de Martí (1891) y la Bailarina española de
Rilke (1906).
Desde mediados del XIX se inició el profesionalismo en el baile andaluz.
Por entonces comenzaron a usarse tarimas para bailar, lo que permitió
más brillantez en el zapateado (7) y el uso de la bata de cola. Se
acentuaron las diferencias entre el baile del hombre y el de la mujer. En
este último, el mantón desempeña un papel destacado:
grabados y fotografías permiten apreciar que el mantón de Manila
está íntimamente asociado al flamenco o baile andaluz.
Cuando una bailaora (8) quiere levantar el vuelo, una delicada pieza de seda cuajada de bordados florales hace las veces de alas. (...) el mantón de Manila (...) fue adoptado por la cantaora como parte de su vestuario de escena y por la bailaora como pieza clave de su baile, especialmente, en la escuela sevillana. (9)
Son características recurrentes del baile español el rápido taconeo, el repiqueteo de castañuelas, el gesto que expresa ora altivez o reto, ora recogimiento o languidez, y los ademanes de los brazos, por los que el movimiento parece ascender hacia el espacio.
“Espléndida, con un gesto orgulloso”, zapatea sobre el fuego la bailarina de Rilke, cuyos brazos “desnudos se levantan, en vela y chasqueantes”...; “Alza, retando, la frente” la bailarina de Martí, y luego “crúzase al hombro la manta:/en arco el brazo levanta:/mueve despacio el pie ardiente” para, al final, recoger “de un débil giro/el manto de flecos rojos”... En ambos poemas puede hablarse de traducción, partiendo del baile, en cuanto lenguaje artístico, hasta convertirlo en poesía escrita.
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¿Cómo surge la “Bailarina española” de Rilke?
Sostiene Ferreiro Alemparte (10) que el interés de Rilke por España se remonta a la época en que concluyó sus estudios de bachillerato: a los veinte años escribía un soneto dedicado al pintor Velázquez, y otro a la trágica figura de Inés de Castro. Como fuentes del acercamiento de Rilke a temas españoles, Ferreiro señala las obras del hispanista alemán Adolf von Schack y el Flos Sanctorum, del jesuita español Pedro Ribadeneira, en traducción al alemán de J. Hornig.
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