Bailarina en dos poemas-Apuntes, (cont.)

Así pues, no resulta raro que el poeta de treinta años se haya interesado especialmente en la pintura de un artista hispano que alcanzara gran éxito en su época: Ignacio Zuloaga. Un cuadro de éste, titulado “La bailarina Carmen, la gitana”, podría ser el retrato de la bailaora Carmela, cuya danza pudo apreciar Rilke en fiesta celebrada por el pintor Zuloaga en su estudio parisiense, con motivo del bautizo de su hijo.

De la quietud inicial (antes de dar la llama) a la exteriorización de un sentimiento apasionado que se convierte en incendio devorador; primero la inmovilidad del cuadro, luego la bailaora en movimiento que “de repente es llama, enteramente”. Así vio Rilke por primera y quizás única vez el espectáculo del baile español en toda su vehemencia. El poema rilkeano de la “Bailarina española” es como una instantánea: un momento vivido que se plasma en palabra poética.

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¿Cómo surgen los versos de Martí dedicados a la Bailarina Española?

Especialmente en Andalucía [especialmente, es decir, no sólo allí, sino también en otros lugares de España-OSG], no había ninguna fiesta completa sin baile (...) Los bailes típicos al aire libre tenían lugar por la noche, en los patios. El espacio era limitado (...) La emoción del que bailaba, una creación individual de sentimientos, se expresaba por el movimiento y era sentida por los presentes. Se trataba, al mismo tiempo, de una experiencia personal y colectiva en la que se percibía cada matiz del sentimiento. (11)

Algunas fuentes atribuyen la génesis del poema X de los Versos Sencillos al arte de Carolina Otero, “la Bella Otero”, a quien Martí tuvo oportunidad de ver bailar en Nueva York; otros se preguntan si el motivo de inspiración pudo haber sido la bailaora gitana Carmencita, que “zapateó” en Nueva York por esa misma época (12). Pero Martí, cuya primera estancia en España duró desde enero de 1871 hasta diciembre de 1874 (13), probablemente haya asistido en más de una ocasión a fiestas o “tablaos” en los que pudo haber disfrutado del espectáculo danzario que cobra nueva forma de existencia en sus versos.

En su obra Ballet y baile español, el profesor Alfonso Puig Claramunt afirma:

Sólo viendo con frecuencia sus mismas interpretaciones [de los bailaores y bailaoras de flamenco-OSG] es cuando se descubre (...) la repetición de las improvisaciones, repetición desordenada pero fatalmente invariable a largo término (14).

Aunque el punto de partida del poema haya sido la actuación de una de aquellas bailaoras estelares (o de ambas), la reproducción del movimiento danzario en

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Olga Sánchez Guevara
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