José Martí: un pobre de la tierra, (cont.)
Para Aragón en España,
Tengo yo en mi corazón
Un lugar, todo Aragón,
Franco, fiero, fiel, sin saña.
Si quiero un tanto saber
Por qué lo tengo, le digo
Que allí tuve a un buen amigo,
Que allí quise a una mujer.
Y concluye significando el por qué de ese amor que siente por la tierra
de sus progenitores.
Amo la tierra florida,
Musulmana o española,
Donde rompió su corola
La poca flor de mi vida.
Tenían entonces 20 años y esa mujer a la que amó, fue
la aragonesa Blanca Montalvo. Vivió un romántico idilio con
una célebre actriz, Rosario Peña, su segundo amor. Para ella
escribe uno de los más bellos romances que se conozcan en lengua española,
lleno de lirismo, ternura, erotismo y sugerencias políticas. En él,
han quedado las huellas, como enfiestadas, de aquellos momentos de solaz,
en la vida de un hombre, que amó con mayúscula a todo el género
humano. El poema lo tituló: “La bailarina española”:
El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver,
La bailarina española.
Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.
Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
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