Ismaelillo:
naturaleza, poesía y lenguaje
Por Mirtha J. Fernández
Tomemos, por ejemplo, el poema quizás más conocido y caracterizador del libro: Príncipe enano. El primer símil nos adentra en ese sistema de relaciones: “Sus dos ojos parecen /Estrellas negras.” La comparación ojos-estrellas habla por sí sola. Seguidamente, en esa magistral utilización del verbo que caracteriza la poesía martiana practicamente desde sus orígenes, la similicadencia nos pone ante una sucesión metafórica múltiple, que intercambia infinitas posibilidades entre los ojos del niño y el mundo natural, con sorprendente economía de recursos:
(ojos) .....vuelan (como las aves, como las hojas, como el viento?
....brillan (como el sol, las estrellas, los metales, el rocío sobre las flores
...palpitan (como el corazón, parte de la obra más acabada de la naturaleza, que es el hombre
... relampaguean (como el cielo cuando llueve?)
metáforas que nos transmiten, ciertamente, impresiones visuales fuertes, pero también estremecimientos vitales, humanos.
Continuamos con una enumeración metafórica que define al hijo con tres elementos pertenecientes al mundo no natural: “El para mí es corona, /Almohada, espuela”; notemos, sin embargo, que el tercero, con ser artificial -por llamarle de algún modo- nos remite indirectamente al mundo animal, al asociarlo con su uso.
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