Ismaelillo:
naturaleza, poesía y lenguaje
Por Mirtha J. Fernández
De manera que ya desde Ismaelillo vemos como contenido ético y filosófico se transfunden en el pensamiento poético martiano. La naturaleza posee cualidades superiores a la de simple refugio, oasis ajeno a la realidad rechazada -aun cuando esta última connotación no se pierde, sino que se transforma. Ella es refugio, sí, porque posee y siembra en el hombre sentimientos, sensaciones, pensamientos, conductas que van más allá del mero éxtasis contemplativo o de la simpre evasión. El poeta va a ella siempre, y siempre regresa de ella a enfrentar la batalla, porque la naturaleza no es un medio para huir, sino para purificarse. Nuestro poeta, que todavía tiene de romántico ese apego a la naturaleza, rebass, sin embargo, los marcos del espíritu decimonónico para enfrentar el tema de la naturaleza desde una perspectiva distinta, enriquecida con su rebelde tratamiento del tropo poético, a partir de un pensamiento esencialmente renovador. El poeta sabe que su misión no es huir, sino regresar, porque “Libres de esclavos /Cielos y mares /Por nadie puedo /Verter mi sangre”, luego no es en ese marco donde tiene que librar su batalla, sino en la sociedad, que para él, hombre universal, es el suelo donde pisa, la tierra que lo acoge, el problema inmediato. Así fue toda su vida.
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