Ismaelillo: naturaleza, poesía y lenguaje, (cont.)
Un poema como Musa traviesa, tal vez el más pródogo-si es que cabe el calificativo- del libro en cuanto a elementos de toque inusual, de cierto sabor exótico en el contexto del poema (paño árabe, carcaj, sílex, vaso de nácar, taza de ónice árabe) abunda en cuanto a sus fuentes naturales en -o fuera de- construcciones tropológicas. Desde la primera estrofa, la evocación de su musilla como “diablillo con alas de ángel”. para llamar la atención, más abajo, sobre su vuelo; se trata de un diablo-ángel, el que trae alas, o sea, una referencia de fuente filosófica-religiosa perteneciente a la cultura universal, pero entre cuyas cualidades se han destacado, precisamente, aquellas que la emparentan con las aves: alas, vuelo.
Luego el poeta se adentra en el sueño de la creación, ya comentado en páginas anteriores, y que por la misma implicación de los elementos invocados -aire, nubes, mares, senos eternos, luz madre- deviene una especie de tropo filosófico; la estrofa culmina en aquella sucesión metafórica también comentada anteriormente, que provoca una plena fusión hombre-naturaleza, mediante la audacia asociativa de las palabras (Seres hay de montaña...). Terminado el viaje en el sueño creador, en la siguiente estrofa, cuando el poeta se dispone a contar sus impresiones, nos asalta un símil de complejan estructura sintáctica que vuelve a igualar hombre-naturaleza en el plano de los sentimientos y el modo de expresarlos:
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