Martí en Nueva York Por el Dr. Eduardo Lolo, (cont.)
La alta estima, tanto en lo personal como en lo profesional, que le tenía Dana a Martí era tal, que ideó un procedimiento verdaderamente ingenioso para tratar de superar las dificultades surgidas por el limitado conocimiento del inglés que al principio tenía el joven exiliado. Así, como quiera que el francés era en ese entonces la lengua internacional (de amplio dominio en el estamento intelectual norteamericano), Dana le propuso a Martí escribir sus crónicas en francés, las cuales él se encargaría de traducir al inglés. De esa forma buscaba el editor permitirle al genio martiano una vía de comunicación más amplia y cercana a su lengua nativa, donde pudiera hacer mejores galas de esas ideas y conclusiones originales y brillantes que ya él le había identificado en su deficiente inglés. El artificio dio resultado: los textos traducidos resultantes publicados entre 1881 y 1882 en The Sun son contentivos, indiscutiblemente, de la voz martiana. A pesar de haber sido presumiblemente ‘sentidos’ en español, originalmente escritos en francés, y finalmente publicados en inglés, destilan esa carga de genio, imaginación, esperanza y coraje que caracterizan los escritos en castellano de Martí y que tan bien supo reconocer Dana en otras lenguas.
En The Sun continuó Martí sus ‘revistas de arte’, las que dedicó a dar a conocer a los anglosajones los mejores pintores españoles del momento, cuyas obras había conocido en exposiciones y colecciones privadas durante su estancia en España. Así, en marzo del 81 publicó su semblanza “Mariano Fortuny”, sobre quien ya había escrito en The Hour. Unos meses después, en octubre del mismo año, publica “One of the Greatest Modern Painters. The Career and the Works of the Spaniard, Eduardo Zamacois.” La crónica, lienzo ella misma, es un paisaje de la España de la época con Zamacois inserto; retrato donde pinta el escritor a través del lenguaje, la palabra vuelta a su condición prístina de trazo.
La literatura, como es lógico, no podía faltar. Se destaca en este tema “Modern Spanish Poets”, publicada en noviembre de 1880. Todo parece indicar que se trata del primer intento de hacer llegar al lector común estadounidense una visión objetiva de los entonces modernos poetas españoles. El trabajo tuvo tal impacto, que unas dos décadas después todavía lo recordaba Dana con admiración; y conste que estamos hablando del director de un periódico que, por profesión, tenía que leer no solamente todas las colaboraciones que publicaba, sino lo que editaba la competencia, de donde puede deducirse que durante esos años había leído miles de crónicas, artículos, editoriales y reportajes, ¡pero el artículo de Martí no lo había olvidado! La importancia de este escrito rebasó, incluso, su medio en inglés. Tal parece que ni siquiera en español había aparecido en Hispanoamérica un trabajo tan profundo y a la par sintético sobre la moderna poesía española, ya que traducido poco después al castellano fue editado en, al menos, dos publicaciones de importancia: Repertorio Colombiano, de Bogotá, y La Opinión Nacional, de Caracas. Teniendo en cuenta sus re-ediciones, es de suponerle un impacto en nuestra lengua semejante al que tuvo en inglés. Esa conmoción en editores y lectores es algo que Martí, escribiendo en español, repetiría luego con cada una de sus crónicas norteamericanas. Pero lo que llama la atención de esta versión española de “Modern Spanish Poets” es que lo recibido por los lectores hispanoamericanos fue la traducción de una traducción; que es decir, algo muy lejano al original en español, si es que llegó a existir tal, pues lo más probable es que Martí lo haya escrito originalmente en francés. No deja de asombrar, incluso hoy en día, que hasta a través de semejante deambular lingüístico haya podido Martí cautivar a editores y lectores a la par como lo hizo con este trabajo.
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