Martí en Nueva York Por el Dr. Eduardo Lolo, (cont.)
Las crónicas de Martí publicadas en inglés constituyen, pues, el primer intento serio en Nueva York por dar a conocer al lector común estadounidense la cultura hispana. Ubicado por su raíz cultural y su residencia como exiliado en el medio de los dos mundos, Martí extendió una mano en cada dirección, propiciando un atisbo doble y bidireccional de dos culturas que, con los años y los cambios demográficos, se llegarían a conocer mucho más, influyéndose mutuamente en el proceso. Poco más de un siglo después de escritas esas crónicas, los hispanos constituimos la minoría más numerosa en los EE.UU. y la cultura norteamericana, de la mano de su cine, su música y otras expresiones artísticas, es (para bien o para mal) la cultura más popular en el mundo, incluyendo todas las comunidades y países hispanos. Hizo bien Martí en presentarnos en época tan temprana. Sus crónicas sobre los EE.UU. en español y las publicadas en inglés sobre la cultura hispana, constituyen uno de nuestros primeros estrechones de manos. Debe mucho a ese encuentro inicial el abrazo del presente.
De la prosa salta la ‘alquimia’ martiana, apresurada y consciente, a la poesía. Ya en su dedicatoria del Ismaelillo aclara al hijo ausente a quien está dedicado el poemario:
“Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así.”(5)
Un poco más adelante, reconoce que su objetivo como poeta para niños era el enseñarles “a amar el sentimiento más que lo sentimental, a reemplazar la poesía enfermiza y retórica que está aún en boga, con aquella otra sana y útil que nace del conocimiento del mundo” (6), anteponiendo lo que llamó “el verso natural” al que denominó “retórico y ornado”. Tal poesía “natural”, “sana y útil” queda del todo madura en su siguiente libro: Versos sencillos y en numerosos poemas sueltos publicados en periódicos y revistas de entonces –o simplemente inéditos en su tiempo–, que luego serían recogidos en ediciones póstumas. Martí, más que escribir, pinta versos; son sus palabras pinceladas de brochazos fuertes unos, tenues otros, cromáticos todos. Pero también podría decirse que Martí, más que versos, crea música; son sus palabras notas y acordes regidos por compases, pianos, crecientes. Cada poesía tiene de sinfonía, de solo con acompañamiento de todo, en armónico coral de palabras. Quedan así sonidos (y silencios) entretejidos con luces y colores. La poesía de Martí es literatura y pintura y música al mismo tiempo; es fusión de tiempos y lenguas y distancias en un todo; es, en resumen, Nueva York, no tanto por haberla escrito en esa ciudad, sino por reflejarla en su espíritu.
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(5) José Martí, Antología Mayor. Ed. de Carlos Ripoll. Nueva York: Editorial Dos Ríos, 1995. p. 244.
(6) “Circular” anunciando
La Edad de Oro, publicada en el reverso de la contraportada de cada número.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
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