Re-escritura y creación en José Martí, (cont.)

Hoy presento a ustedes un somero análisis de un caso decimonónico específico cuyo resultado conserva plena vigencia. Se trata del tema de la codicia castigada a través de la rescritura de un cuento recurrente en el folklore europeo, aunque el personaje ‘castigador’ varía enormemente de una zona a otra (a veces es un crustáceo, a veces un pez, otras un árbol, etc.). El tema ha sido desarrollado por varios escritores europeos, algunos tan conocidos como los hermanos Grimm (“El pescador y su mujer”) y A. Pushkin (“Cuento sobre el pescador y el pecezuelo”). Pero, para mi análisis, me circunscribo a tres versiones creadas entre 1880 y 1889 que tienen en común el haber estado relacionadas entre sí a través de un escalonado proceso de rescritura en lenguas disímiles : “Vagev vähk ja täitmatu naine”, de Friedrick Reinhold Kreutzwald (en lengua estonia); “L'écrevisse”, de Édouard de Laboulaye (en francés); y “El camarón encantado”, de José Martí (en español).

Del ‘original’ de Kreutzwald no he podido encontrar ninguna edición durante este siglo fuera de su medio nacional. Laboulaye, aunque se encontraba entre los escritores más leídos a uno y otro lado del Atlántico en su época, hoy es, prácticamente, un desconocido entre los lectores. El cubano José Martí, por el contrario, se mantiene como un escritor vigente en todo el mundo hispano (hablo de una veintena de países y centenares de millones de lectores potenciales, unos 30 millones de ellos en los Estados Unidos). Por lo anterior es que al tiempo que “Vagev vähk ja täitmatu naine” y “L'écrevisse” casi que pueden ser encontrados únicamente en sus ediciones decimonónicas, “El camarón encantado” ha sido reeditado más de una docena de veces en diversos países tan solo en los últimos 50 años. De ahí que, como no ocurra en un futuro una inesperada re-evaluación de Kreutzwald o Laboulaye, debe considerarse la versión hispana como la síntesis o culminación de las versiones anteriores.

Martí escribió tal síntesis en New York para su revista dedicada a los niños hispanos de América La Edad de Oro, publicada en esa ciudad en 1889. Como versión ‘original’ utilizó “L'écrevisse. Conte esthonien”, de Laboulaye, aparecido por primera vez en una publicación periódica parisina y recogido en una compilación (editada póstumamente), que es de donde lo tomó el pensador cubano para su rescritura.

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