Re-escritura y creación en José Martí, (cont.)

No obstante ello, Martí añade algunas descripciones palaciegas del todo incongruentes con la condición de leñador de su morador. Descripciones en las que Martí incorpora a su versión postulados preciosistas de corte típicamente modernista (me refiero al modernismo hispano) tales como el “vestido de plata” (86) de Masicas, los coches dorados, las medias de seda o la relación exótico-cosmopolita de los animales del castillo, en contraposición con la relación de Laboulaye en que todos eran, simplemente, ingleses. También Martí ‘moderniza’ el título de nobleza que, originalmente, solicita Masicas, de “une baronne” (123) a “princesa” (86).
El autor cubano enriquece el texto con símiles y tropos ausentes en el original, como cuando narra que Masicas, contenta por la segunda de las dádivas de la maga, se comportó “como una ardilla, como una paloma, como un cordero” (84), o la hipérbole de “los puños alzados de Masicas, que le parecieron [a Loppi] un ganso cada uno” (85). Boris Lukin identifica algunas metonimias y destaca el agregado martiano de frases coloquiales caribeñas y sutiles cubanismos. Dice el crítico estonio: “Las comparaciones y epítetos que emplea Martí, son breves, sencillos y expresivos. Con mucha frecuencia, no han sido tomados de Laboulaye, sino del uso coloquial cubano.” (325) Un uso que, debe aclararse, no llega al localismo. El mismo Lukin lo reconoce cuando señala que los cubanismos por él identificados son “palabras y expresiones que comprende cualquier latinoamericano o español, impregnadas solamente del aroma cubano; del carácter y el humor” (324, el énfasis es de él).

Aunque en poca medida, en “El Camarón...” es posible identificar trazas de la descripción de láminas (lenguaje ekfrástico) resultante de la influencia del “illustrated journalism” de la época y algunos movimientos literarios europeos que aportaron tal característica al modernismo hispano.
Donde Martí sí hizo grandes cambios, fue en el final del cuento. En efecto, aunque en la rescritura martiana se mantiene el hilo anecdótico original, se reducen de manera tal las escenas finales, que quedan convertidas en una sola. Laboulaye extiende el cuento, luego de la muerte de Masicas, como justificando la actitud de Loppi por su alto grado de fidelidad a la esposa. Por tal razón lo hace llorar “sa femme comme tout bon mari doit le faire” (134) y vivir hasta el siguiente invierno, en que muere de desesperación por su viudez. A pesar de todo lo sucedido por la codicia ilimitada de Masicas, para Loppi (según Laboulaye) ésta había sido “le charme de sa vie” (135), razón por la cual utiliza sus últimas fuerzas en vida para escribir, en la tumba de Masicas, “A la meilleure des femmes, le plus inconsolable des maris” (135), con el cual el francés cerró su “L'écrevisse”.

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