Re-escritura y creación en José Martí, (cont.)

Mas es el caso que el cuento del estadista francés también era una rescritura. El mismo Laboulaye, en una nota al pie de página en la edición de 1884 de su cuento (13), reconoce que su historia estaba basada en una de Friedrick Reinhold Kreutzwald, pero no en la original, pues, evidentemente, Laboulaye no podía leer el idioma estonio, sino en su traducción alemana aparecida unos pocos años antes. Boris Lukin llama la atención (312) sobre los otros dos cuentos de Kreutzwald de los cuales tomó Laboulaye los nombres de los protagonistas (Masicas y Loppi) que mantuvo Martí, a quien por carácter transitivo Lukin considera “el primer traductor al español de una obra del fundador de la literatura estonia” (313).
Sin embargo, aseverar que “El camarón encantado” pudiera interpretarse como una traducción de “Vagev vähk ja täitmatu naine”, es una conclusión sumamente simplista. Aun cuando Martí hubiera intentado solamente traducir el cuento de Laboulaye, los pasos intermedios son tales y de tal magnitud (del estonio al alemán, del alemán al francés y, por último, del francés al español) que, más allá de la anécdota, sería poco menos que imposible hallar trazas literales del original estonio en la lejana rescritura castellana. Es más, aun cuando pudiera considerarse la versión de Loewe una fiel traducción, el mismo Lukin señala los cambios que produjo Laboulaye en la suya, de manera tal que Martí no tuvo nunca en sus manos ni siquiera una traducción más o menos fiel del cuento de Kreutzwald, sino una rescritura (y sumamente creativa, como se desprende de los cambios que hizo Laboulaye a la versión alemana) de una traducción.
Tomando esa rescritura francesa como ‘original’, Martí se da a la tarea de redactar la suya propia en español, en la cual hace destacadas adiciones, cambios y omisiones al texto francés. Con ello, al parecer el cubano buscaba subrayar las características humorísticas del original, acercarlo a la comprensión de sus lectores inmediatos, ‘adaptarlo’ a los moldes estéticos del modernismo hispano, y aclarar su moraleja.
Para el camarón según el cubano, Loppi nunca deja de ser “leñador”, mientras que para el de Laboulaye éste es “mon frère” hasta el momento de su última petición. Con ello Martí dejaba bien claro que, independientemente del cambio social ocurrido en Loppi como consecuencia de las dádivas mágicas del agradecido camarón encantado, el pobre hombre seguía siendo, realmente, el leñador que a la postre volvería a ser.

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