Re-escritura y creación en José Martí, (cont.)
Martí comprendió que esta ‘sub-trama’ con que Laboulaye
concluyó su cuento, contradecía la moraleja de la historia,
además de extenderla inútilmente. Es por eso que hace morir
al marido casi inmediatamente después de la mujer, al considerarlo
tanto o más culpable que su codiciosa esposa. Ello se desprende del
análisis del último parlamento del camarón en ambas versiones,
extremadamente reducido en el cuento del antillano. Con semejante reducción,
Martí no sólo logró agilizar el final del cuento, sino
aclarar de alguna forma una moraleja que, en el texto original francés,
quedaba como difusa u opacada por el epitafio.
Lo interesante de estos cambios que Martí hizo en su rescritura, es
que, según Boris Lukin, acercan su cuento al original de Kreutzwald
que el cubano nunca conoció. Según el mencionado crítico,
lo omitido por Martí había sido una adición de Laboulaye
por lo que “José Martí, sin conocer la variante original
del cuento estonio, aproximó intuitivamente a él su traducción,
librándola de algunas ‘mejoras’ del cuentista francés”
(321).
Ya aclaré anteriormente la improcedencia del término “traducción”
que Lukin usa una y otra vez para referirse a la rescritura martiana. De la
cita anterior también habría que aclarar que no hubo intuición
alguna en la coincidencia del cubano con el estonio, sino simple sentido común
en la creación artística. Las ‘mejoras’ de Laboulaye
al final de su versión, a todas luces sobraban. Martí las omitió
(como desechó otras muchas cosas que sí eran originales en otras
de sus rescrituras) no porque intuyese que estaban ausentes en la versión
estonia, sino para mejorar el producto final de su entrega. Por lo anterior
es que, más que de intuición, habría que hablar de voluntad
de estilo, en lo cual muy bien podrían haber coincidido, salvando distancias
ligüísticas, el báltico y el caribeño.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
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