Poética de José Martí, (cont.)
Martí de muchas maneras y las refleja en su obra y en su vida. Esa sinceridad es la capacidad de ver por sí y de decir lo que ve sin incurrir en el pecado de someterse a juicio ajeno. Es ser el que se es a todo aire. También a todo dolor o a toda injusticia. Es no ya un principio intelectual, sino una “creencia” en el concepto de Ortega y Gasset. No se olvide que Martí lo dijo muy claramente en la estrofa que reza:
Yo soy un hombre sincero,
de donde crece la palma
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.(15)
Esa sinceridad que debe orientar la creación literaria obliga al poeta a ser honrado, a decir lo que siente, no a complacer. Bien lo expresa al. encomiar al escritor hispanoamericano Santiago Pérez Triana con estas palabras:
La honradez no es menos necesaria en literatura que en las demás ocupaciones del espíritu. Lo que no es honrado en literatura, como en todo, al fin perece.(16)
Esta sinceridad y autenticidad imponen al poeta hacer una poesía original porque cada ser es único, irrepetible. Tal vez nunca expresó esta idea y esta convicción tan plenamente como cuando escribió en plena madurez lo que sigue:
Poesía no es, de seguro, lo que corre con el nombre, sino lo heróico y virgíneo de los sentimientos, puesto de modo que vaya sonando y lleve alas, a lo florido del alma humana… Poesía es poesía, y no olla podrida, ni ensayo de flautas, ni rosario de cuentas azules, ni manta de loca, hecha de retazos de todas las sedas, cosidos con hilo pesimista, para que vea el mundo que se es persona de moda, que acaba de recibir la novedad de Alemania o Francia.(17)
Y en el mismo trabajo dirá más adelante:Todo está dicho ya; pero las cosas cada vez que son sinceras, son nuevas.(18)
2)-Ajuste al nivel del tiempo.- ¿Qué debe entenderse por esta enunciación? Simplemente esto. Que el escritor tiene que ser hombre de su tiempo, enterado de lo que en él pasa y alerta a sus problemas. Pero básicamente, hombre cerca de su tronco vital, hombre fiel a su raíz. El hombre que reniega de sus raíces no puede ser hombre de su tiempo. Martí lo fue en grado sumo pese a vivir la mayor parte de su vida fuera de su tierra por lealtad a sus principios. Pero las esencias estuvieron siempre con su isla. Para ella escribió y a ella entregó en holocausto su vida. Pues para él la patria no era sólo la tierra física sino los valores en que creía y que quería ver imperar en ella. Los de la libertad y la justicia. Y no conozco quien haya definido a la libertad con más amplio alcance que él cuando dijo que era “el derecho que todo hombre tiene a pensar y hablar sin hipocresía.” Y es curioso que sea Juan Marinello que tan bien lo conocía, y quien murió en la Cuba de hoy, quien escribiese sobre lo que vengo diciendo esto:
(...) la obra de Martí es un raro espectáculo, el de un artista que, siendo siempre el mismo –genio y figura, genio y entraña– tuvo poderes para trasmutar en expresión nueva lo que le dicen su intimidad y su dintorno.(19)
Porque Martí fue hombre de su tiempo nada de lo que en él pasaba le fue ajeno. E1 material de sus crónicas, celebradas por Darío, Sarmiento, Sanín Cano y otros pocos mientras vivió –y hoy elogiadas por cuantos las han leído– dan fe de ello. Así, y por citar sólo tres, nombro las que dieron cuenta de tres acontecimientos
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