Poética de José Martí, (cont.)

notables. La que dedicó a la inauguración del Puente de Brooklyn en Nueva York en 1883, la que narra cómo ocurrió la instauración y develación de la Estatua de la Libertad –ya centenaria– y la que le inspiró la Exposición de París cuando se erigió la Torre Eiffel. Excuso citas de dichas crónicas por creerlo innecesario a los fines de este trabajo. Y porque fue hombre de su tiempo se enteraron los hispanoamericanos que lo leían de lo que pasaba en Europa y en América, no sólo en el mundo de las letras y las artes, sino también en el de la ciencia y en el de la técnica. Y aun en la Naturaleza.

3)-Deber misionero de la literatura.- Creyó Martí –y muy firmemente– que era deber del escritor promover lo mejor del hombre. Bien sé que es principio de largo ancestro en literatura y que, mal manejado, puede resultar en un didactismo simplón y de mal gusto. El buen escritor, sin embargo, suele obviar el escollo. Señeramente Martí lo hizo. Para ello apeló siempre a lo más digno del hombre y creyó en la fuerza del amor y de la belleza tanto como repudió el odio. Alguna vez dijo “sólo el amor construye”. Para ilustrar esta norma del cubano me limitaré a citar esto:

...los libros que definen calman. En toda palabra ha de ir envuelto un acto. La palabra es una coqueta abominable cuando no se pone al servicio del honor y del amor.(20)

4)-Respeto por el fondo misterioso de donde surge la creación- Habrá sorprendido que no haya citado –como parece de rigor– los prólogos a sus libros de versos en que de modo tan palmario hizo el escritor referencia a su poética. Ha sido deliberación. Al cabo, a dichos prólogos se han remitido cuantos lo han estudiado. Y yo sólo he pretendido sustanciar la “poética” martiana en la larga meditación a solas con su literatura que fue su vida y que cristaliza en los prólogos citados y en sus poemas en que no hay otro tema sino ése: su poética. Las citas de ellos podrían multiplicarse hasta el cansancio. Yo he preferido recordar lo que dijo –casi como de pasada– en mucho de su prosa que es casi tan inagotable como su poesía para saber lo que pensaba sobre el tema. Pues pensó y dijo mucho. Ya en 1875 había escrito: “La imaginación agranda y perturba: ¡mísero el poeta que ha querido sujetar su alma a la razón!”(21)

Es que Martí sabía que en todo buen poeta la inspiración es algo que llega, no se busca. No se debe escribir poesía hasta que el verso no se hace realmente necesario, hasta que el verso es la única forma de expresión posible para decir lo que se siente. Hasta entonces, sólo la prosa debe decir. Estas ideas las expresará en múltiples ocasiones. Al azar cito:

El poeta debe callar su dolor hasta la hora sublime en que el verso tallado busca salida, despedazando las entrañas.(22)

Y porque la inspiración es súbita hay que apresarla cuando viene y no dejarla escapar, pues como é1 escribió:

Lo que se deja para después es perdido en poesía, puesto que en 1o poético no es el entendimiento lo principal, ni la memoria, sino cierto estado de espíritu confuso y tempestuoso en que la mente funciona de mero auxiliar.(23)

Y en uno de sus Cuadernos de Trabajo puede leerse:

Perdón por esta culpa mía de ofrecer, en vez de un ramo de flores, un haz de relámpagos. Si mis jardines están hechos de ellos, ¿qué de otras flores he de coger que las que hay en mis jardines? Y si nacen a mis ojos por voluntad extraña a la mía, ¿cómo evitar que los ojos caigan sobre ellas y

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