Poética de José Martí, (cont.)

Lo que aquí doy a ver lo he visto antes (yo lo he visto, yo) y he visto mucho más, que huyó sin darme tiempo a que copiara sus rasgos… De la copia yo soy el responsable. Hallé quebrados los vestidos, y otros no y usé de estos colores…(29)

Y en prosa alguna vez dirá que “...la inspiración es dama que huye de quien la busca.”(30)

A qué seguir. Fue Martí enteramente consciente de que en el poeta habla la voz del misterio y que es deber darle paso sin pretender aherrojarla por la razón. En esto fue también hombre de su tiempo. No se olvide que contemporáneos o coetáneos suyos fueron Verlaine, Sully Proudhome, Coppée, Mallarmé, Unanuno, Walt Whitman, Oscar Wilde, quienes rebasarían los credos románticos para llevar la poesía a un nuevo clima espiritual donde el símbolo poético quedase libre de viejos usos retóricos.

Este mundo interior debía, empero, ser expresado en la forma más bella y en la más adecuada a su vibración. Por eso dirá: “Los versos vienen como empujados desde adentro, y amoldados, encaramados en un taller interior.”(31) O esto: “A cada estado del alma un metro diverso, que de ella brota naturalmente.”(32)

Precisamente por lo dicho es que se destaca en la poética de Martí un sentimiento de rebeldía ante toda norma impuesta desde fuera, ante toda Retórica. Por eso señalaba yo como último módulo de su poética el antiacademicismo. Y por eso –añado– tardó tanto tiempo en asentar su fama. Porque es justo que se diga que si es cierto que algunos espíritus preclaros lo adivinaron en vida; fueron más –muchos más– los que permanecieron ciegos ante su luz. Pero, como pasa siempre, la luz se ha hecho.

e)-El antiacademicismo.- El antiacademicismo de Martí –como siempre en él– no fue una actitud beligerante, de lucha con los demás. Recuérdese que siempre dijo que la crítica era el mejor ejercicio del criterio y que de no poder aplaudir prefería el silencio. Sin embargo, fue firme en el sostenimiento de sus puntos de vista sobre su poética. Y en su aplicación. Tal vez en parte alguna lo exprese con más detalle que cuando prologa el libro de su amigo Juan Antonio Pérez Bonalde. Con razón ha sido considerado dicho prólogo –especialmente por José Olivio Jiménez– como fundamental para la intelección de su poética. Es así. De dicho texto copio:

El verso es perla. No han de ser los versos como la rosa centifolia, toda llena de hojas, sino como el jazmín del Malabar, muy cargado de esencias… El verso, por dondequiera que se quiebre ha de dar luz y perfume. Han de podarse de la lengua poética, como del árbol, todos los retoños entecos... Pulir es bueno, mas dentro de la mente y antes de sacar el verso al labio. El verso hierve en la mente, como en la cuba el mosto. Mas ni el vino mejora luego de hecho, por añadirle alcoholes y taninos; ni se aquilata el verso, luego de nacido, por engalanarlo con aditamentos y aderezos.

Y aun esto otro en el mismo texto:

¡Oh, esa tarea de recorte, esa mutilación de nuestros hijos, es trueque del plectro del poeta por el bisturí del disector… Como cada palabra ha de ir cargada de su propio espíritu y llevar caudal suyo al verso, mermar palabras es mermar espíritu.(33)

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