Rosario Rexach (1912-2003):
Pedagogía y literatura rumbo al tiempo cierto (cont.)

Pero aunque el ensayo es, por antonomasia, el género que todos asociamos con Rosario Rexach, no es el único que cultivó. Mucho antes de que se pusieran de moda en la narrativa femenina las combinaciones inter-genéricas no tradicionales (tales como novela y recetas de cocina, o narrativa y letras de canciones), la autora que nos ocupa dio a conocer su novela Rumbo al punto cierto (1979), en que une la narrativa con el sub-género en el cual ya había alcanzado una inusitada maestría: la crítica literaria. La lectura aparece en la novela como parte de la trama. Es una novela hecha con lecturas y referencias a otras obras de ficción; una narración que se narra ella misma y, luego, se estudia con ojo crítico. Los personajes van desenvolviendo el llamado “boom” de la narrativa hispanoamericana en el mismo momento en que se producía la explosión, sin que por ello se prescinda de autores tales como Calderón, Martí o Campoamor. En la novela los personajes tienen la lectura como parte de la acción: se vive y se lee, se lee y se vive, sin que quede del todo claro si en su orden natural o si se lee la vida al tiempo que se vive la literatura. El protagonista inicial, a diferencia de lo que podría esperarse de una narradora femenina, es un hombre: el escritor que se propone escribir la novela que parte de la novela que vamos leyendo, las cuales, al final, se tornan una sola. La completa su devenir como obra una vez desaparecido el autor, su recepción por el personaje que le diera vida, y su estudio. Vuelve la ficción a la vida, todavía dentro de la ficción. Novela que se desnovela para novelarse, como si hubiese que desvivir la vida para vivirla plenamente. Odón Betanzos habla, con relación a Rumbo al punto cierto de “personajes ficticios que viven y se enlazan con los de carne y hueso”. La dificultad reside en separar los unos de los otros. En tanto que exilados cubanos (porque se trata de una novela del exilio) nunca sabremos si terminamos leyendo la vida o viviendo esta novela que se resiste a ser encasillada. Para su protagonista Roma es el punto cierto al que nunca llega. Conjeturo que puede haber tantos puntos ciertos como lectores se adentren en esta narración. O un mismo volar rumbo al mismo punto cierto de todos los desarraigos. Al que siempre o nunca habremos de llegar.

Corroboramos entonces que estamos frente a la obra de una autora que supo moverse, con maestría inusitada, en géneros diversos que, a la postre, fue capaz de fusionar en felices experimentos que hoy quedan de precursores de reconocidos intentos posteriores. Sus ensayos tienen de literatura la belleza de su confección; su literatura de ficción, la seriedad del ensayo. Como elementos comunes se imponen la profundidad, la honestidad, y la intención de servicio en ese “arte de enseñar a pensar” que le reconociera Baquero. En el proceso resultante la palabra escrita se acicala de oralidad y la comunicación oral se engalana de grafía. La escritora y la maestra, además de coincidir en el culto a Martí y la formación de la nacionalidad cubana, conviven y se complementan en cada texto: la página como aula compartiendo historia con la escuela como libro. Pedagogía y literatura que, hermanadas, iniciaron en Rosario Rexach un mismo andar rumbo al tiempo cierto; que es decir, rumbo al tiempo de todos los tiempos.

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