La última carta enviada a Doña Leonor el 25 de marzo de 1895, verdadera obra maestra epistolar, en vísperas de un largo viaje..., es, sin dudas, anunciadora de una partida sin retorno, y es también, como dijera Miguel de Unamuno, una de las más grandes y más poéticas oraciones —en ambos sentidos del término oración— que se puede leer en español. Pero creemos que Doña Leonor no vio en ella solamente una despedida en forma de poética oración, y que, a pesar de la brevedad de este mensaje, debió haberse sentido orgullosa por tener un hijo de profundos valores morales y éticos, pues Martí nunca dejó de expresarle su amor por muy ocupado que estuviera en las actividades políticas: estoy pensando en Ud. Yo sin cesar pienso en Ud. (...) conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre. He aquí una muestra de genuina raíz ética y humana. Doña Leonor debió haber experimentado una enorme satisfacción al leer esta (re)confesión, pues habrá comprendido que Martí se identificaba con ella, al menos, por el temple de su carácter, de su sensibilidad y fuero interno; que su alma sacrificada era portadora de claros rasgos maternos: ¿y por qué nací de Ud. con una vida que ama el sacrificio? Vemos aquí una convergencia que se desdobla en la concepción filosófica y práctica del vocablo ‘sacrificio’: si Doña Leonor lo asume como la consagración más pura y absoluta a la familia, Martí lo interpreta proféticamente como un sacrificio ‘prometeico’, para entregar el fuego (entiéndase luz, libertad,) a una familia mayor, al pueblo cubano.
Y es precisamente con este sacrificio que para Martí, según las sabias palabras de la filósofa andaluza María Zambrano, culminaría la órbita de un hombre que asumió total e íntegramente su corta vida en aras de la libertad de la Isla. Es por ello que Zambrano, gracias a sus vivencias en tierras cubanas, llegó a atrapar con el característico vuelo de su filosófica poesía aquellos últimos instantes en que el Apóstol alcanzaría la muerte, la suya, esa que sólo alcanzan los limpios y humildes de corazón: “Junto a la ceiba, ese árbol que pudiera ser la más pura expresión de la tierra y del cielo de Cuba que parece tocar con su copa, habría de caer para levantarse en una doble existencia; allí donde ya no hay más lluvia que sufrir y aquí, como un desvelado guardián de su pueblo, pura voz para ser oída en el silencio.”
OBRAS CONSULTADAS
Anuario del Centro de Estudios Martianos. La Habana,
1985-2000.
Carpentier, Alejo. Ensayos. Editorial Unión,
La Habana, 1987.
García Marruz, Fina. La correspondencia
de José Martí.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1981.
Mañach, Jorge. Marti, el Apóstol.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2001.
Martí, José. Poesías Completas.
Librería Económica,
La Habana, 1953.
_________ Correspondencia, en Obras Completas.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1991.
Marinello, Juan. 18 ensayos martianos. Ediciones
Unión,
La Habana, 1998.
Mistral, Gabriela. Los Versos sencillos de José Martí, en Antología
Crítica de José Martí, Editorial Cultura,
México, D.F., 1960.
Méndez, Isidro. Semblanza de José
Martí. La Habana, 1957.
Zambrano, María. Martí camino de
su muerte.
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