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La presencia de Goethe en la obra y en el ideario martianos (cont.)

Vivimos, los que hablamos lengua castellana, llenos todos de Horacio y de Virgilio, y parece que las fronteras de nuestro espíritu son las de nuestro lenguaje. ¿Por qué nos han de ser fruta casi vedada las literaturas extranjeras, tan sobradas hoy de ese ambiente natural, fuerza sincera y espíritu actual que falta en la moderna literatura española? Ni la huella que en Núñez de Arce ha dejado Byron, ni la que los poetas alemanes imprimieron en Campoamor y Bécquer, ni una que otra traducción pálida de alguna obra alemana o inglesa, bastan a darnos idea de la literatura de los eslavos, germanos y sajones, cuyos poemas tienen a la vez del cisne niveo, de los castillos derruidos, de las robustas mozas que se asoman a su balcón lleno de flores, y de la luz plácida y mística de las auroras boreales. Conocer diversas literaturas es el medio mejor de libertarse de la tiranía de alguna de ellas; así como no hay manera de salvarse del riesgo de obedecer ciegamente a un sistema filosófico, sino nutrirse de todos, y ver como en todos palpita un mismo espíritu, sujeto a semejantes accidentes, cualesquiera que sean las formas de que la imaginación humana, vehemente o menguada, según los climas, haya revestido esa fe en lo inmenso y esa ansia de salir de sí, y esa noble inconformidad con ser lo que es, que generan todas las escuelas filosóficas.(12)

En el citado artículo de Augier(13) , se abordan las diversas razones que motivaron a los poetas e intelectuales cubanos a rebelarse en el pasado siglo contra la cultura española, que según Martí y otras distinguidas figuras de la historia cubana, como Juan Gualberto Gómez(14), se encontraba en decandencia y poco podía aportar al desarrollo de las letras cubanas. Durante su etapa como profesor universitario de literatura en Guatemala, Martí explica esta situación cuando examina el escenario intelectual cubano y el interés de muchos escritores contemporáneos, y el suyo propio, por la literatura de otras naciones y regiones del mundo:

Es nuestra tierra, tú lo sabes bien, un nido de águilas; y como no hay aire allí para las águilas; como cerca de los cadalsos no viven bien más que los cuervos, tendemos, apenas nacidos, el vuelo impaciente a los peñascos de Heidelberg, a los frisos del Partenón, a la casa de Plinio, a la altiva Sorbona, a la agrietada y muerta Salamanca. Hambrientos de cultura, la tomamos donde la hallamos más brillante. Como nos vedan lo nuestro, nos empapamos en lo ajeno. Así, cubanos, henos trocados, por nuestra forzada educación viciosa, en griegos, romanos, españoles, franceses, alemanes.(15)

La profundidad con que se entrega al estudio de la literatura se evidencia en uno de sus apuntes donde resalta la importancia trascendental de varias obras y las raíces históricas de su surgimiento. Se puede apreciar también aquí la alta valoración que siente por la obra de Goethe:

La mitología engendró la Ilíada, el espiritualismo a Fausto, la teología al Dante, la caballería al Tasso. Hay, pues, que reseñar la historia para generar de ella la Literatura y estudiarla en lo que pudo ser y tuvo que ser: allí donde no haya esas individualidades portentosas.(16)

En el artículo dedicado a Oscar Wilde, Martí recopila citas del afamado escritor sobre la obra de Goethe en las que se resalta la importancia mundial del poeta alemán y el aporte de su obra a la literatura universal. Se puede observar también la atención que Martí concede al romanticismo:

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