Amigos de José Martí
CÓMO NACIÓ NUESTRA AMISTAD por Fermín Valdés Domíguez
Cuando nos ufanábamos de los triunfos ya alcanzados en nuestros exámenes en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, vinieron a despertar en nuestros corazones el amor patrio, ennoblecido en nosotros por las palabras de nuestro Director, -el 10 de Octubre primero, y la libertad de imprenta, decretada por el General Dulce después; y luego los sucesos de Villanueva que llevaron al Señor Mendive a la cárcel, al Castillo del Príncipe, y a España como deportado.
Mendive tuvo en nosotros agradecidos y buenos hijos. ¡Aún me parece que lo oigo, cuando en vísperas de su prisión –abrazado a Martí y a mí- nos dijo, amorosamente, -“Hijos míos, quizás yo no vea a mi Cuba libre y feliz; Uds, sí, pero tengan la seguridad de que ese día mis huesos se moverán gozosos en la tumba!”
Martí no fue entonces –para querer y para servir a su maestro- un niño, sino un hombre; y un hombre valeroso y altivo. El fue al Gobierno y habló con el Gobernador Gutiérrez de la Vega y –sin recomendación alguna- consiguió un pase para poder entrar en el Castillo del Príncipe y llegar hasta el calabozo en donde estaba encerrado el Señor Mendive. Y allá iba diariamente, solo o acompañando a la Señora Micaela Nin y Pons de Mendive, a la esposa ejemplar, a la madre amorosa y a la matrona, honra de la sociedad cubana.
Martí era hijo de un celador de Policía, sargento licenciado del ejército español, Don Mariano de los Santos Martí y Navarro y de la señora Doña Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez y Cabrera. Humildes pero honrados, eran sus padres, a los que él quería con toda la pureza de su alma.
Pero Martí no había nacido para ser únicamente el fénix de los escribientes de celaduría; y en la vida íntima de la casa del Señor Mendive, y siendo en la de mis padres, mi hermano, pronto –en todo él, a pesar de sus catorce o quince años- se veía al hombre cortés y elegante por instinto, aunque siempre modesto y esclavo del estudio y del trabajo. Así, después de la prisión del Señor Mendive, siguió conmigo sus estudios, y se colocó en el escritorio del Señor Don Cristóbal Madan, antiguo y buen amigo de nuestro Director y maestro muy amado.
Durante la libertad de imprenta, publicamos un periódico, “El Diablo Cojuelo” y a Martí se le autorizó por el gobierno civil español para la dirección de “La Patria Libre” que redactaban los señores Mendive y Madan, siendo este periódico el que publicó el hermoso poema de Martí titulado “Abdala”.
Fue para mi queridísimo compañero, día de emociones aquel en que vió –en plomo- a “Abdala”. Los primeros versos suyos que merecían esos honores; su alegría era grande, y yo gozaba viéndolo feliz. ¡El, que siempre estaba triste!… pero aun me parece que siento su abrazo cuando volvió de su casa, con dolorosa aflicción porque no estaban muy de acuerdo sus padres, con aquellos escarceos poéticos y políticos….
En aquellos días me regaló mi Martí un retrato, cuya copia y dedicatoria quedan aquí como memoria amada.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
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