Amigos de José Martí
FERMÍN VALDÉS DOMÍNGUEZ-Amistad con José Martí
Fermín Valdés Domínguez fue uno de los estudiantes de medicina involucrados en el proceso conocido por el fusilamiento de los estudiantes de medicina ocurrido en La Habana en 1871.
Este noble patriota es conocido de la actual generación cubana sobre todo como el autor del célebre libro El 27 de Noviembre de 1871, el más formidable alegato de la inocencia de sus compañeros respecto al cargo infamante de profanadores de tumbas. Con esta obra logró, aún en plena colonia (1887), su completa y definitiva reivindicación ante la historia.
Pero pocos saben que Fermín Valdés Domínguez, hermano del alma de José Martí, a quien secundó eficazmente en sus actividades revolucionarias, se incorporó desde sus comienzos a la guerra de 1895, haciendo toda la campaña primero con Serafín Sánchez y Carlos Roloff, después con José Maceo y más tarde a las órdenes de Máximo Gómez como su jefe de despacho, terminando la guerra junto a esta figura cimera del Ejército Libertador con el grado de coronel.
Desde el momento de su incorporación, Valdés-Domínguez comenzó a escribir sus memorias en campaña, que él mismo tituló Diario de Soldado, que abarca desde el 6 de junio de 1895 hasta el 17 de octubre de 1898, distribuido en 78 cuadernillos de 12 H 18 cm, los cuales, actualmente laminados, se conservan en el Archivo Nacional de Cuba.
El hilo conductor de todo el Diario es el amor y el sacrificio por la patria. Todos sus juicios, su propia conducta, la manera de ver y enjuiciar a los que le rodean, están siempre en función de este motivo central que se mantiene sin decaer en ningún momento. Cuando fustiga severamente a personajes considerados en nuestra historia como figuras más o menos intocables, invariablemente se aprecia que éstos antepusieron sus intereses y ambiciones personales a los de la patria. Asímismo llama la atención el sentido tan profundo que en él reviste el sentimiento de la lealtad: a la memoria de Martí, al recuerdo de sus compañeros de condena en 1871, y la devoción militar absoluta a su jefe y amigo Máximo Gómez.
Finalmente, de entre el cúmulo de sus anotaciones surge su voluntad, manifestada de modo explícito, que su Diario se publique, explicando las razones que tiene para ello con estas palabras:
“¡Que triste es apuntar miserias!”.
“Yo no sé herir por la espalda, pero de frente sí he de atacar –cuando pueda- a muchos miserables”.
“Ahora la Revolución me ordena sufrir y callar pero –contigo-[1] a solas, sí debo escribir, Y, si muero, pido que mis apuntes –que son los que quedan en esta carta larguísima- se publiquen”.
Ver Cómo
nació nuestra amistad
por Fermín Valdés Domíguez
Ver Sangre
de Inocentes
por José Martí.
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