Físico de José Martí

Cómo era Martí

Alrededor de la figura de Martí, como ocurre con todos los grandes hombres, se ha tejido un sinnúmero de leyendas. Leyendas que, por serlo, resultan difíciles de destruir y acaban por arraigarse en la mente popular a fuerza de ser constantemente repetidas.

Entre los errores más comunes en torno del Apóstol de nuestras libertades acaso el mayor se refiere precisamente a la configuración física que de él se han forjado sus compatriotas. A ello han contribuído, naturalmente y en modo decisivo, los retratos y obras escultóricas relativos a su persona realizados sin una cuidadosa o exacta documentación. O también porque el artista tiende siempre a exaltar o a simbolizar el personaje escogido y no a reproducir su efigie como una fotografía. E igualmente porque un fenómeno psicológico nos lleva inconscientemente a imaginarnos siempre al grande hombre como de elevada estatura.

Martí, sin embargo, no era alto, sino por el contrario de estatura normal, de unos cinco pies y medio. Delgado, de muchacho y de adolescente, ligeramente más grueso en la treintena, ni siquiera en sus últimos años, según datos recogidos entre personas que le conocieron, nunca llegó a pesar más de unas 130 a 140 libras. Su aspecto exterior, puede decirse que era el del tipo promedio de criollo, parecido en su delgadez y poca estatura a muchos de los tabaqueros emigrados a Tampa y Cayo Hueso, que tanto le amaron y que contribuyeron a manos llenas a la causa de la revolución.

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