Físico de José Martí
Cómo era Martí, (cont.)
Martí, en efecto, con ser respetuoso de las opiniones de los demás, estaba convencido de sus doctrinas e ideales, defendiéndolos con calor y apasionamiento. No cejaba en la ruta que se había impuesto y sabía mantener sus convicciones con tesonero, valiente y hasta arrogante gesto. Lo probó frente a la España colonial, en el presidio político, en el mismo Madrid, en todos los momentos, cuando la famosa entrevista con Máximo Gómez y Antonio Maceo en Nueva York, en 1884, al negarse altivamente a unirse a los planes bélicos de los dos grandes soldados de la guerra del 68 por entender que ellos pretendían convertir a Cuba en “un campamento”; y, por último, en la borrascosa conferencia con el propio Maceo en La Mejorana, y en muchas ocasiones más.
De su valor personal, del cual nunca hizo jactanciosa gala, nos ha referido
varias interesantes anécdotas el patriota Alberto Plochet, siendo una
de las más reveladoras un incidente con Antonio Zambrana en una magna
asamblea en Tammany Hall en Nueva York, Zambrana criticó a Martí
duramente por no apoyar el plan Gómez-Maceo, y acabó por acusar
a los que no secundaron el movimiento de miedosos y merecedores de usar sayas
en vez de pantalones. Martí, con el bombín fuertemente agarrado
entre las manos, pidió airado la palabra. Al concedérsele, habló
poco, muy poco, pero terminó, mirando fijamente a su denostador: “Y
tenga usted entendido que no solamente no puedo usar sayas, sino que soy tan
hombre que no quepo en los calzones que llevo puestos”. Zambrana se
abalanzó sobre Martí, quien sin moverse añadió:
“Y esto que le digo se lo puedo probar cómo y cuándo guste,
y si es ahora mismo, major”. La rápida intervención de
Maceo y Crombet, que estaban presentes, evitó que Martí agrediera
a Zambrana.
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
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