Infancia de José Martí

La casa natal de José Martí, (cont.)

Las recaudaciones fluctuaban, había años mejores y otros peores, por eso en muchas ocasiones no era extraño ver en los diarios de entonces, frecuentes escritos de algunos martianos, a veces verdaderamente dramáticos, clásicos SOS, solicitando ayuda económica para la Casa Natal, que se iba deteriorando con los años. La desidia oficial seguía su curso inexorable. La insensibilidad de nuestros gobernantes al llamado patriótico-martiano, era más que evidente.

En 1949 la Comisión Nacional de Etnología y Monumentos declara la casa Monumento Nacional. En la declaratoria se hace constar que “era una casa típica colonial habanera del siglo XVIII y primera década del siglo XIX y que había servido de lugar de nacimiento del Mártir y Apóstol de nuestra Independencia, José Martí”.

Con el decursar del tiempo las donaciones se hacían cada vez más escasas, sin embargo, se mantenía incólume[9], el famoso “kilito” de los niños de Cuba. Se hablaba de construir una Plaza Cívica con un monumento a Martí, de “una tumba digna del Apóstol”, pero la Casita que tanto amaban los niños, ya no existía para los gobernantes de turno. Ante esta situación en los primeros meses de 1948, Arturo R. de Carricarte renunció al cargo y se retiró enfermo y totalmente desalentado. Falleció meses más tarde, después de intentar la fundación de otro museo José Martí en el municipio marianense. Después de su deceso, el director del Archivo Nacional, capitán Joaquín Llaverías, comenzó a interesarse por el Museo. Las gestiones del capitán Llaverías lograron algún fruto cuando el día 18 de noviembre del mismo año el ministro de Educación del Gobierno del doctor Carlos Prío Socarrás lo designa su Delegado mediante una Resolución que especificaba que se haría cargo del Archivo y Museo José Martí y cuidaría de la conservación de todos sus documentos y valores, atendiendo al normal funcionamiento de sus oficinas, con facultad para suscribir cuanta documentación se relacionara con ellas. Sin embargo, lo más apremiante para la Casa Natal era un crédito suficiente para su restauración y sostenimiento, y de ello nada se decía. El día 29 se reunirían en dicho lugar, junto con el capitán Llaverías, los señores Francisco de Miranda y Varona, Max Tosquella, Francisco C. Hernández, Manuel I. Mesa Rodríguez y Felipe Zapata, con el objeto de llevar a cabo un inventario total de lo que en aquel momento había en la Casa Natal, y dar constancia de su cierre, hasta que hubiera algún medio económico que permitiera repararla y remontar el Museo.

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