Muerte de José Martí

La muerte de José Martí, (cont.)

Observó que el sitio era ideal para hacerse fuerte en él: en el flanco izquierdo tenía el río Contramaestre, muy crecido y con barrancos de unos seis metros de altura, lo que le cubría de un ataque sorpresivo; por el derecho había un bosque espeso de Jatía que era como un alto muro natural protector; por la retaguardia, en caso de retirada, podía hacerlo hacia Remanganaguas; frente a sus tropas estaba el enemigo. Una cerca de alambre de púas que iba desde la orilla del Contramaestre hasta el bosque de Jatía, le ofrecía una buena defensa por el único lugar donde podía ser atacado. Situado en tan ventajosa posición, decidió esperar, bien atrincherado, la embestida de Gómez y Masó. La infantería la colocó detrás de la cerca de púas, y la caballería a unos 500 metros cubriendo la retaguardia. Entonces mandó una patrulla para explorar la zona, y otra de caballería con el objetivo de hacerse notar y provocar el ataque de los cubanos hacia donde estaba la fusilería de Sandoval. Frente a él “estaba el camino hacia Vuelta Grande donde estaba el enemigo”. El capitán Ramos le avisó a Gómez de que una columna de unos 1,000 hombres estaba acampada a la orilla del río. Este, tal vez creyendo que estaba descansando después de una jornada de camino y podía sorprenderla, dio la orden de “a caballo”, ordenándole a Masó que lo siguiera con sus 300 jinetes, y a Martí “retírese hacia atrás que este no es su puesto”. Los cubanos consiguieron cruzar el río a pesar de estar muy crecido, y cuando se acercaron a La Jatía los españoles lo recibieron con una lluvia de balas. Tal fue el fuego de la fusilería que Gómez anotó en su diario que “jamás me he visto en trance más comprometido”. Los mambises tuvieron que desbandarse ante tan inesperado recibimiento.

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