Muerte de José Martí

El mausoleo de José Martí por María Argelia Vizcaíno, (cont.)

Ahí quedó hasta el 24 de febrero de 1907, (después de la independencia de España) que para rendirle honor lo llevaron a un pequeño templete, con unas lápidas que tenían inscritos algunos de sus más profundos pensamientos, poniendo su busto al frente.

Pero un grupo de jóvenes del Club Rotario decidieron que debían erigir un sepulcro donde se dignificara al insigne patriota, y convocaron a un concurso para escoger el mejor proyecto, siendo ganador el escultor santiaguero nacido en 1911 Mario Santí, que se sintió inspirado al leer una misiva que escribió nuestro prócer en el diario argentino La Nación, en la que éste describía cómo se debía rendir honor a los grandes hombres: “A los que en ese universo Nuevo levantaron y clavaron en alto con sus manos serenas, el sol del decoro; a los que se sentaron a hacer riendas de seda para los hombres; a los que perfeccionaron al hombre, esculpiría yo, bajo un templo de mármol, en estatuas de pórfido. Y abriría para ir a venerarlos un camino de mármol, ancho y blanco.” (Santí es el mismo que hizo en el exilio poscastrista un monumento a Martí para un parque público de Hialeah, Florida.)

Gracias a la iniciativa de estos jóvenes y a la contribución del pueblo por fin son llevados los restos del Maestro a su morada final el 30 de junio de 1951. Para llegar al lugar donde reposan los mismos es “un camino de mármol, ancho y blanco” a cuyos lados pueden leerse pensamientos del Apóstol en columnas de piedra, relacionados con los sitios que le sirvieron de campamentos militares durante la campaña libertadora. Para construir la escalinata en la base del monumento se trajo el mármol de la Finca El Abra de Isla de Pinos. En cada esquina del mausoleo hay una estatua de las antiguas provincias de la nación, con el símbolo que las identificaba. En la parte superior está la figura del Prócer en mármol mirando hacia el Este por donde sale el sol, y abajo la cripta de bronce que guarda sus restos; debajo de la misma hay tierra de las distintas naciones americanas que tanto amaba, en significación de la unidad que él soñaba, de toda la América. Complementando la idea, a su alrededor se sitúan los escudos de las repúblicas del continente americano.

Y para complacerlo, como expresara en sus versos sencillos, sobre la estructura metálica hay una bandera cubana, y muy cerca un recipiente que tiene forma de libro, donde siempre deben poner un ramo de flores frescas.

Para reforzar el pensamiento en verso del Maestro, el astro rey penetra durante casi todo el día, ofreciéndose cálidamente a quien “como bueno murió de cara al sol.”

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Para comentarios puedes dirigirte a:
María Argelia Vizcaíno
mariaargelia@hotmail.com

También puedes visitar el sitio internet de la autora:
www.letralia.com/70/le03-070.htm

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