Anexionismo: Cuba y los EEUU
¿QUEREMOS A CUBA?
The Manufacturer: Filadelfia, 16 de marzo de 1889, (cont.)
Pero el asunto tiene otro aspecto. ¿Cuál
será el resultado de la tentativa de incorporar a nuestra comunidad
política una población tal como la que habita la Isla? Ni un
solo hombre entre ellos habla nuestro idioma. La población se divide
en tres clases: españoles, cubanos de ascendencia española,
y negros. Los españoles están probablemente menos preparados
que los hombres de ninguna otra raza blanca para ser ciudadanos americanos.
Han gobernado a Cuba siglos enteros. La gobiernan ahora con los mismos métodos
que han empleado siempre, métodos en que se juntan el fanatismo a la
tiranía, y la arrogancia fanfarrona a la insondable corrupción.
Lo menos que tengamos de ellos será lo mejor. Los cubanos no son mucho
más deseables. A los defectos de los hombres de la raza paterna unen
el afeminamiento, y una aversión a todo esfuerzo que llega verdaderamente
a enfermedad. No se saben valer, son perezosos, de moral deficiente, e incapaces
por la naturaleza y la experiencia para cumplir con las obligaciones de la
ciudadanía en una república grande y libre. Su falta de fuerza
viril y de respeto propio está demostrada por la indolencia con que
por tanto tiempo se han sometido a la opresión española; y sus
mismas tentativas de rebelión han sido tan lastimosamente ineficaces
que se levantan poco de la dignidad de una farsa. Investir a semejantes hombres
con la responsabilidad de dirigir este gobierno, y darles la misma suma de
poder que a los ciudadanos libres de nuestros Estados del Norte, sería
llamarlos al ejercicio de funciones para las que no tienen la menor capacidad.
En cuanto a los negros cubanos están claramente
al nivel de la barbarie. El negro más degradado de Georgia está
mejor preparado para la Presidencia que el negro común de Cuba para
la ciudadanía americana. Podríamos arreglarlo de modo que la
Isla quedase como un territorio o una mera dependencia; pero en nuestro sistema
no hay lugar para cuerpos de americanos que no sean, o que no puedan aspirar
a ser, ciudadanos.
La única esperanza que pudiéramos tener de habilitar a Cuba
para la dignidad de Estado, sería americanizarla por completo, cubriéndola
con gente de nuestra propia raza; y aún queda por lo menos abierta
la cuestión de si esta misma raza no degeneraría bajo un sol
tropical y bajo las condiciones necesarias de la vida de Cuba. Estos son hechos
que merecen cuidadosa atención antes de que se consume ningún
proyecto para la adquisición de la Isla. Podríamos hacernos
de Cuba a un precio muy bajo, y pagarla todavía cara.
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©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
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