
“Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía;
hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes, para ser libres...
Merecemos en la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron
cuando quisimos sacudirlo.” (al yugo español)
“Esos jóvenes de ciudad y mestizos de poco
cuerpo supieron... obedecer como soldados, dormir en el fango, comer raíces,
pelear diez años sin paga, vencer al enemigo con una rama de árbol,
morir... . Estos cubanos “afeminados” tuvieron una vez valor bastante
para llevar al brazo una semana, cara a cara de un gobierno despótico,
el luto de Lincoln.”
José Martí
The
Manufacturer
The Evening
Post
“Vindicación
de Cuba”
Anexionismo: Cuba y los EEUU
“VINDICACIÓN DE CUBA” por José
Martí
No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales
que a The Manufacturer le place describir;
ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción,
enemigos del trabajo recio, que, junto con los demás pueblos de la
América española, suelen pintar viajeros soberbios y escritores.
Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres,
y algunas veces como gigantes, para ser libres; estamos atravesando aquel
período de reposo turbulento, lleno de gérmenes de revuelta,
que sigue naturalmente a un período de acción excesiva y desgraciada;
tenemos que batallar como vencidos contra un opresor que nos priva de medios
de vivir, y favorece, en la capital hermosa que visita el extranjero, en el
interior del país, donde la presa se escapa de su garra, el imperio
de una corrupción tal que llegue a envenenarnos en la sangre las fuerzas
necesarias para conquistar la libertad. Merecemos en la hora de nuestro infortunio,
el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo.
Pero, porque nuestro gobierno haya permitido sistemáticamente después
de la guerra el triunfo de los criminales, la ocupación de la ciudad
por la escoria del pueblo, la ostentación de riquezas mal habidas por
una miriada de empleados españoles y sus cómplices cubanos,
la conversión de la capital en una casa de inmoralidad, donde el filósofo
y el héroe viven sin pan junto al magnífico ladrón de
la metrópoli; porque el honrado campesino, arruinado por una guerra
en apariencia inútil, retorna en silencio al arado que supo a su hora
cambiar por el machete; porque millares de desterrados, aprovechando una época
de calma que ningún poder humano puede precipitar hasta que no se extinga
por sí propia, practican, en la batalla de la vida en los pueblos libres,
el arte de gobernarse a sí mismos y de edificar una nación;
porque nuestros mestizos y nuestros jóvenes de ciudad son generalmente
de cuerpo delicado, locuaces y corteses, ocultando bajo el guante que pule
el verso, la mano que derriba al enemigo, ¿se nos ha de llamar, como
The Manufacturer nos llama, un pueblo “afeminado”?
Esos jóvenes de ciudad y mestizos de poco cuerpo supieron levantarse
en un día contra un gobierno cruel, pagar su pasaje al sitio de la
guerra con el producto de su reloj y de sus dijes, vivir de su trabajo mientras
retenía sus buques el país de los libres en el interés
de los enemigos de la libertad, obedecer como soldados, dormir en el fango,
comer raíces, pelear diez años sin paga, vencer al enemigo con
una rama de árbol, morir-estos hombres de diez y ocho años,
estos herederos de casas poderosas, estos jovenzuelos de color de aceituna-de
una muerte de la que nadie debe hablar sino con la cabeza descubuierta; murieron
como esos otros hombres nuestros que saben, de un golpe de machete, echar
a volar una cabeza, o de una vuelta de la mano, arrodillar a un toro. Estos
cubanos “afeminados” tuvieron una vez valor bastante para llevar
al brazo una semana, cara a cara de un gobierno despótico, el luto
de Lincoln.
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