
Nosotros no teníamos hessianos ni franceses, ni Lafayette
o Steuben, ni rivalidades de rey que nos ayudaran: nosotros no teníamos
más que un vecino que "extendió los límites de su
poder y obró contra la voluntad del pueblo".
“...a nosotros nos debilitó... una confianza
infantil en la ayuda cierta de los Estados Unidos: “¡No han de
vernos morir por la libertad a sus propias puertas sin alzar una mano o decir
una palabra para dar un nuevo pueblo libre al mundo!” Extendieron “los
límites de su poder en deferencia a España”. No alzaron
la mano. No dijeron la palabra.”
José Martí
The Manufacturer
The Evening
Post
“Vindicación
de Cuba”
Anexionismo: Cuba y los EEUU
“VINDICACIÓN DE CUBA” por José
Martí, (cont.)
Acaba The Manufacturer diciendo “que
nuestra falta de fuerza viril y de respeto propio está demostrada por
la apatía con que nos hemos sometido durante tanto tiempo a la opresión
española”, y “nuestras mismas tentativas de rebelión
han sido tan infelizmente ineficaces, que apenas se levantan un poco de la
dignidad de una farsa”. Nunca se ha desplegado ignorancia mayor de la
historia y el carácter que en esta ligerísima aseveración.
Es preciso recordar, para no contestarla con amargura, que más de un
americano derramó su sangre a nuestro lado en una guerra que otro americano
había de llamar “una farsa”. ¡Una farsa, la guerra
que ha sido comparada por los observadores extranjeros a una epopeya, el alzamiento
de todo un pueblo, el abandono voluntario de la riqueza, la abolición
de la esclavitud en nuestro primer momento de la libertad, el incendio de
nuestras ciudades con nuestras propias manos, la creación de pueblos
y fábricas en los bosques vírgenes, el vestir a nuestras mujeres
con los tejidos de los árboles, el tener a raya, en diez años
de esa vida, a un adversario poderoso, que perdió doscientos mil hombres
a manos de un pequeño ejército de patriotas, sin más
ayuda que la naturaleza! Nosotros no teníamos hessianos ni franceses,
ni Lafayette o Steuben, ni rivalidades de rey que nos ayudaran: nosotros no
teníamos más que un vecino que “extendió los límites
de su poder y obró contra la voluntad del pueblo” para favorecer
a los enemigos de aquellos que peleaban por la misma carta de libertad en
que él fundó su independencia: nosotros caímos víctimas
de las mismas pasiones que hubieran causado la caída de los Trece Estados,
a no haberlos unido el éxito, mientras que a nosotros nos debilitó
la demora, no demora causada por la cobardía, sino por nuestro horror
a la sangre, que en los primeros meses de la lucha permitió al enemigo
tomar ventaja irreparable, y por una confianza infantil en la ayuda cierta
de los Estados Unidos: “¡No han de vernos morir por la libertad
a sus propias puertas sin alzar una mano o decir una palabra para dar un nuevo
pueblo libre al mundo!” Extendieron “los límites de su
poder en deferencia a España”. No alzaron la mano. No dijeron
la palabra.
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