Historia

Conflicto entre José Marti y Enrique Collazo, (cont.)

Después de la guerra hemos perseverado en esa opinión, abonada por los hechos; pero nunca imaginamos tan ruin a esa emigración como usted la hace aparecer en su discurso. ¡Cómo! ¿Con qué; a pesar de los años transcurridos, todavía puede asustarse esa emigración con el relato fiel de las privaciones, trabajos y desventuras que afrontamos durante diez años? ¿Crée usted, señor Martí, que los que, a impulso del deber, arrostren el peligro de hacer patria, deben ir ciegos o engañados como el soldado mercenario a quien se emborracha para que sirva de carne de cañón? ¿Tan ruin imagina usted la generación presente, que la cree incapaz de ir al sacrificio con plena conciencia de lo que va a hacer, con el mismo valor y estoicismo con que arrostraron la muerte, en el campo y en el patíbulo, los hombres del 68? Su manera de presentar las cosas nos autoriza para creerlo: los cubanos de hoy se asustan -eso piensa y eso teme usted- con un sencillo relato de penalidades. Pues bien, señor Martí: ofensa tan grave a los cubanos, jamás pensó inferirla el autor de A pie y descalzo, ni ninguno de sus compañeros, que unánimemente aplaudimos la veracidad y oportunidad de un libro cuya moral debe llenar de orgullo a todo corazón cubano. Como usted no ha comprendido el mérito real de ese libro, yo quiero explicárselo ahora, en muy pocas palabras: sabiendo, de lo que es capaz ese corazón cubano, que usted calumnia; sabiendo, porque ése fue el mundo en que vivimos durante diez años, que no hay trabajo ni sacrificio que le arredre en cumplimiento del deber, quisimos darle una idea clara y precisa del calvario que nosotros habíamos recorrido, para que aprovecharan la enseñanza nuestros hijos y sucesores.

No nos extraña que usted haya comprendido mal la índole de A pie y descalzo: el libro ha debido parecer a usted terrorífico. El que con ofensas más que suficientes -el grillete-, con edad sobrada, no cumplió con los deberes de cubano cuando Cuba clamaba por el esfuerzo de todos sus hijos; el que prefirió continuar primero sus estudios en Madrid, casarse luego en México, ejercer en la Habana su profesión de abogado, solicitar más tarde, como representante del Partido Liberal, un asiento en el Congreso de los Diputados, por Puerto Príncipe o por Cuba(4) el que prefirió servir a la Madre Patria, o alejar su persona del peligro, en vez de empuñar un rifle para vengar ofensas personales aquí recibidas, ése, usted, señor Martí, no es posible que comprenda el espíritu de A pie y descalzo. Aún le dura el miedo de antaño.

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(4) Durante su corta estancia en La Habana (1878-1879) le ofrecieron a Martí algunos cargos en el Gobierno, entre ellos una Alcaldía Mayor interina, pero no aceptó ninguno, porque, como él se lo notificara a su amigo Manuel A. Mercado, "en quien lo propone es bondad, y quien en mis condiciones lo acepte, es villanía".

1. Discurso pronunciado por José Martí en Tampa, el 26 de noviembre de 1891.

2. Carta del Comandante Enrique Collazo a José Martí, desde La Habana, el 6 de enero de 1892.

3. Carta del CLUB MARTIR DE SAN LORENZO a José Martí, desde Cayo Hueso, el 10 de enero de 1892.

4. Carta de José Martí a Enrique Collazo, desde Nueva York, el 12 de enero de 1892.

5. Carta del Coronel Manuel Sanguily a José Martí, desde La Habana, el 21 de enero de 1892.

6. Carta del Comandante Enrique Collazo a José Martí, desde La Habana, el 24 de enero de 1892.

7. Carta de José Martí a Fernando Figueredo, desde Nueva York, el 9 de febrero de 1892.

8. Carta de José Martí al General Enrique Collazo desde New York, 8 de mayo de 1894.

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