Historia

Conflicto entre José Marti y Enrique Collazo-Introducción

CARTA DE JOSÉ MARTÍ AL GENERAL ENRIQUE COLLAZO

New York, 8 de mayo de 1894
Sr. General Enrique Collazo
La Habana

Mi muy estimado amigo:

Con alegría grande cumplo hoy por medio de la carta adjunta, los avisos que de tiempo en tiempo he enviado a Ud., en estricto acuerdo con el desarrollo, seguro, a la vez que vigilante, de sucesos que sabía yo bien que a la hora precisa-la de la acción cercana, sin demasiada preparación visible-habían de pasar por sus manos. De mi particular gusto en ello, y aun diré que de mi parte en ello, Ud. tiene ya prueba bastante, aunque no llegue tal vez a entender todo el afecto y especial cariño con que veo esta parte principal puesta en Ud. “Yo le diré que Ud. es como nosotros”, me dijo una vez el General Gómez hablando sobre Ud.-Ud. lo ha sentido ya y ve en mí un hermano.

Cuanto dijese sobre otras cosas sería redundante, y va explicado en la carta adjunta, escrita de acuerdo con la Delegación y por ésta suscrita y confirmada. Debo sólo regocijarme de que vea Ud. que hay ya la certeza de ese sistema de prudencia, concordia y división de trabajo con que en tan breve tiempo hemos llegado de tan poco a tanto.

Tenía Ud. razón, por los engaños y cobardías de la época pasada, en temer que yo, en mi humilde parte, no fuese el hombre de verdad y sencillez que soy, sino un llenapáginas, ambicioso y sin riñón; o que era yo víctima del patriotismo inactivo, y de miedos literarios a la obra cruda y sana que hay que hacer. Pero vea ahora la pureza y ternura con que se unen, sin un solo embozo, ni semilla de separación futura, los elementos necesarios, y que a Ud. mismo pudieran parecer opuestos, de la revolución.

Ni en espíritu, ni en detalle, me separo un ápice del vigor y la nobleza del General Gómez. Así le envié a decir al anunciarle-para calmar su duda natural-la situación próxima de que hoy le va la prueba.

Con la fuerza de lo hecho puedo asegurarle que me empleo ahora mismo en lo que falta por hacer, con el mismo cuidado por la Isla, y el mismo respeto a las vidas allá, que he demostrado hasta hoy. Sigo viaje a cubrir mi trabajo verdadero y hacer de camino parte de él. Pero antes voy al Cayo, a esperar respuesta de Ud., que me puede ir por el portador de ésta, y aguardo con la natural impaciencia.

Por otra mano remití a Ud. los 400 pesos que le anuncia el General, y aquí incluyo orden al portador, por $75.00, para que, sin el peligro a que estaría hoy expuesta cualquier comunicación mía, por portador digno al Camagüey, envíe Ud. por mano, por primera vía, esta carta, del General y mía, al Marqués. Aquí he aguardado hasta dar con hombre totalmente seguro. Pero éste no tiene razón natural para seguir al Príncipe. Ud. escogerá allí bien su mensajero.

Para mayor tranquilidad de Ud. y para el éxito de nuestras labores, debo decir a Ud. que de ningún modo intervendré-ni en cosas de acción, armas, etc., me he permitido intervención anterior-en la organización que ahí desee Ud. darse. Las personas, todas, que a mí hayan venido, recibirán recado de ponerse a las órdenes de Ud. Y sólo daré ese recado a gente de toda seguridad. De Matanzas, D. y B. piden sin cesar armas, sin que hasta hoy vea yo modo cierto de su arribo, ni creo debo obrar en esto aparte de Ud., lo cual les dirá Ud. que los conoce, si le parece bien decírselo, porque yo no usaré el nombre de Ud., si Ud. no me autoriza. Ud. está ahí y Ud. conoce mejor los peligros que hay que obviar. Pero desearía respuesta sobre lo de Matanzas, o que Ud. los acalle, para que no crean desdén o debilidad lo que no es más que previsión y disciplina. Deseo también su autoridad para hablar de Ud. a Juan Gualberto Gómez.

Para el miércoles próximo de la entrante semana, habré llegado al Cayo, y allí desearía hallar, para seguir viaje en seguida, respuesta de Ud. al General y a mí. Sólo me queda espacio para felicitarle con calor por su publicación última, que tan eficazmente contribuye a echar por tierra, en el instante de la arremetida, al único enemigo que verdaderamente tiene la felicidad de nuestra patria: la soberbia incapaz de esos hombres tímidos.

Aguarda, impaciente y cariñoso, noticias de Ud., su
J. Martí

1. Discurso pronunciado por José Martí en Tampa, el 26 de noviembre de 1891.

2. Carta del Comandante Enrique Collazo a José Martí, desde La Habana, el 6 de enero de 1892.

3. Carta del CLUB MARTIR DE SAN LORENZO a José Martí, desde Cayo Hueso, el 10 de enero de 1892.

4. Carta de José Martí a Enrique Collazo, desde Nueva York, el 12 de enero de 1892.

5. Carta del Coronel Manuel Sanguily a José Martí, desde La Habana, el 21 de enero de 1892.

6. Carta del Comandante Enrique Collazo a José Martí, desde La Habana, el 24 de enero de 1892.

7. Carta de José Martí a Fernando Figueredo, desde Nueva York, el 9 de febrero de 1892.

8. Carta de José Martí al General Enrique Collazo desde New York, 8 de mayo de 1894.

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