Discursos de José Martí

Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en el Masonic Temple, Nueva York, el 10 de octubre de 1887.

verdadera! Cuando despertó nuestro Oriente, dejó sola, para ir a pelear, la mujer de su cariño, y la rica hacienda que levantó con sus propias manos. La guerra lo había curtido: había estado los diez años en la guerra. Después de aquella paz, lo prendieron con sus tres hijos. Huyó con ellos de su prisión en España. No le esperaba la pobreza en el extranjero. Se hablaba entonces de sujetar, con un renacimiento de la guerra mal apagada, las aspiraciones temibles y activas que se disponían a sustituirlas. Y aquel anciano de setenta y tres años, que ya había peleado por su patria diez, vino a decirme: “Quiero irme a la guerra con mis tres hijos”. La vida seca las lágrimas; pero aquella vez me corrieron sin miedo de los ojos. ¿Qué tiene la historia antigua de más bello?-Y decidles lo que vi ayer:-Es un niño, recién llegado de Cuba. Lleva en la frente pensativa la tristeza de quien vive entre esclavos, la determinación de quien decide dejar de serlo. ¡La tiranía no corrompe, sino prepara! ¡Qué cólera, la de un pueblo forzado a acorralar su alma! Trae en los ojos la cólera de su pueblo. El sabe de dónde viene la injuria, cómo no se espera remedio pacífico, cómo el país está dejando ya caer los brazos, para levantarlos! Habla poco. Se pone a cada instante en pie. “Iré, de los primeros”, dice. Y espera impaciente, como un potro enfrenado.

Dicen que es bello vivir, que es grande y consoladora la naturaleza, que los días, henchidos de trabajos dichosos, pueden levantarse al cielo como cantos dignos de él, que la noche es algo más que una procesión de fantasmas que piden justicia, de mejillas que chispean en la oscuridad, de hombres avergonzados y pálidos. Nosotros no sabemos si es bella la vida. Nosotros no sabemos si el sueño es tranquilo. ¡Nosotros sólo sabemos sacarnos de un solo vuelco el corazón del pecho inútil, y ponerlo a que lo guíe, a que lo aflija, a que lo muerda, a que lo desconozca la patria! ¿Con qué palabras, que no sean nuestras propias entrañas, podremos ofrecer otra vez a la patria afligida nuestro amor, y decir adiós, adiós hasta mañana, a las sombras ilustres que pueblan el aire que está ungiendo esta noche nuestras cabezas? ¡Con velar por la patria sin violentar sus destinos con nuestras pasiones: con preparar la libertad de modo que sea digna de ella!

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"Es un niño, recién llegado de Cuba. Lleva en la frente pensativa la tristeza de quien vive entre esclavos, la determinación de quien decide dejar de serlo. ¡La tiranía no corrompe, sino prepara! ¡Qué cólera, la de un pueblo forzado a acorralar su alma! Trae en los ojos la cólera de su pueblo. El sabe de dónde viene la injuria, cómo no se espera remedio pacífico, cómo el país está dejando ya caer los brazos, para levantarlos!"

"¡Aquí en el conflicto diario con el pueblo de espíritu hostil donde nos retiene, por única causa, la cercanía a nuestro país, hemos amontonado, y son tantas que ya llegan al cielo, las razones que harían odiosa e infecunda la sumisión a un pueblo áspero que necesita de nuestro suelo y desdeña a sus habitantes!"

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