Discursos de José Martí
Discurso leído por José Martí el 28 de febrero de1879 en el Liceo de Guanabacoa para honrar la memoria del poeta cubano Alfredo Torroella., (cont.)
Amigos fraternales son los padres, no implacables censores. Fusta recogerá quien siembra fusta: besos recogerá quien siembra besos:-que hoy en esta expansión creciente de todos los amores en que, a despecho de viejos dientes y ruines mordeduras, se aprietan unos a otros en abrazos purísimos los hombres,-ley es única del éxito la blandura,-la única ley de la autoridad es el amor.
Y así, con este germen, ¡qué gran hijo ha logrado el noble anciano! Proveíale el solícito padre de ese caudal pequeño de los niños, siempre enamorados de las bellezas que cautivan en la infancia, de la lámina de brillantes colores, de los juguetes de acción y de relieve, de los elegantes libros extranjeros-que propios, ¡aún no los tenemos!,-de todas esas pueriles sencilleces que excitan los deseos de aquellos días felices, en hora triste abandonados. No es el menor sacrificio que a la vida se hace el sacrificio de la infancia:-¡ay! ¡entrar a vivir con un ramo de flores marchitas en la mano!-Amplia era la provisión, y cada mañana repetida; y aquel hermoso niño, en su camino para el colegio-que amó siempre-como nuestras mañanas son tan bellas, y todo en ellas palpita de esperanzas y de amor, contagiábase de aquella hora de bodas,-sentía, lleno de bien, afán de hacerlo,- y no hubo entonces ruda mano negra, seca mano blanca, ni humilde falda mísera que no apretase agradecida la limosna del niño compasivo.
¿Qué amaba él?-Los héroes de la historia. Su
padre la contaba; que nunca deben los padres abandonar a otros el molde a
que acomodan el alma de sus hijos; y con Catón el rudo, con la víctima
noble de Sphialtes, con la brava Lucrecia, con el tremendo Bruto, encendíase
aquella faz radiosa, y a menudo lloraba lamentando cómo era ya pasado
el tiempo de los héroes.-¡Cuánto anheló para sí
el manto de Régulo, la palabra de Hortensio, la toga de los Gracos!-¡Oh!
¡si fueran los padres en el hogar, ya que no copia, ejemplo al menos
de respeto a los buenos, los justos y los bravos! . . . ¡Generación
de bravos sucediera a esta generación anémica y raquítica!
Lleno del suave aroma de nuestras mañanas; con besos paternales coronada
la frente; en el amor de los viejos héroes templada aquella intrépida
alma presurosa, sintió con los primeros albores de la razón,
las primeras solicitudes de la gloria. ¡Cuántas veces se inclinó
al oído de su madre para decirle, con la santa timidez de todas las
primicias, infantiles versos! ¡Cuántas, con épicos alientos,
tradujo a incultas y sonoras rimas las hermosas lecciones de los griegos!
©1998 Hilda Luisa Díaz-Perera
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